jueves, 9 de agosto de 2012

CRISTALES

La mujer dejó al descubierto su hombro y dejó que las manos ágiles del doctor la examinasen. -¿Le duele? Ella le devolvió una mirada azul, líquida y desangelada. -Un poco. Sobre todo cuando ejerce presión. -No ha quedado ninguna cicatriz.- Le aclaró el doctor.- Hemos extraído con éxito el implante. Tenía forma de T. Se trata de una serie de filamentos que se adhieren a la piel como si fuesen ventosas. -¿Y lo han analizado ya?.- Preguntó dubitativa. -Por supuesto.- Dijo el doctor lavándose las manos.- El implante, si es que así podemos llamarlo, está compuesto a partes iguales de algo electrónico y una sustancia orgánica desconocida. ¡Jamás en mi vida he visto algo parecido!. Podría tratarse de una especie de transmisor pero lo más extraño del caso es que al entrar en fricción con el aire ha desaparecido sin dejar el menor rastro. Vanesa dirigió al doctor una mirada llena de inquietud. -¡Márchese tranquila!.- dijo el doctor percibiendo su inquietud.-¡No puede hacerse más!. Sólo hay algo que me preocupa especialmente y ese algo es como ha sido posible que “esa cosa llegase a su organismo”. - Es una historia muy larga - respondió ella cubriendo nuevamente su hombro -. Pero prefiero no pensar en ello ahora. Pero pensó en ello y le dio un escalofrío. Todo comenzó un mes de agosto cuando Vanesa trabajaba de socorrista en la playa de Oriente. Aquel día la playa estaba desierta y no era para menos. Caía una lluvia gorda y un manto de niebla denso cubría el cielo acerado, al fondo, rugían las olas de un mar embravecido estrellándose contra el malecón. Fue al fijar la vista en el cielo cuando percibió algo muy extraño. El objeto venía desde el este evolucionando a una velocidad vertiginosa, lo insólito del suceso hizo que tomase enseguida sus prismáticos para ver con mayor claridad. Su estructura era mimetizable como la piel de los camaleones. El extraño objeto se fundía a la perfección con la atmósfera y parecía hecho de cristal. Paralizada por el miedo contempló cómo el siniestro artefacto comenzaba a girar sobre sí mismo. No podía tratarse de un avión, de eso estaba segura. Ningún avión es capaz de despegar y aterrizar horizontalmente, quedar suspendido en el aire sin desplomarse y realizar giros que desafían todas las leyes de la gravedad y la aerodinámica. Aunque: ¿Por qué no?. ¿Quién le decía a ella que aquella cosa no era un avión experimental de esos que utiliza el ejército en sus misiones secretas?. Pero si así era : ¿Qué diablos hacía extrayendo agua del mar en pleno día? El aparato había succionado una ingente cantidad de agua para a continuación cerrar finalmente sus compuertas. Parecía que no fuese simplemente un objeto, sino algo vivo y al acecho. Luego, se produjo un fogonazo y Vanesa no recordó nada. Sólo que cuando despertó se hallaba en una antesala blanca y que al fondo se veían unos paneles luminosos. Había abierto con dificultad sus ojos y al hacerlo, allí estaban ellos: grisáceos, sin ningún atisbo de ceja, pestaña o cabello, seres de largos brazos y grandes ojos sin iris. Todo transcurrió como en un sueño, pero no lo era. Lo más terrible de todo era estar consciente, hubiera preferido estar dormida o muerta para no presenciar lo que le estaban haciendo. Hubo un instante en que sintió que había llegado al límite del dolor soportable y fue en ese momento cuando para suerte suya, se desmayó. Apareció días más tarde en una gasolinera, completamente desnuda y aterida de frío, diciendo frases inconexas y al borde de la locura. Cuando cinco días más tarde acudió a su médico de cabecera aquejada de vómitos le confirmó lo que más temía. -Embarazada. No podía creer lo que estaba oyendo. -¿Qué?.- Había repetido-¿qué ha dicho?. ¿Puede repetírmelo por favor? -Embarazada.- Repitió el doctor.- El análisis no deja lugar a dudas. ¡Parece que la noticia no le ha hecho mucha gracia!. -Pero: ¿Está seguro doctor?. ¡No!. ¡no puede ser posible!. ¡Está equivocado!. Han debido confundir mis pruebas con las de otra paciente. ¡Esto es horrible! Durante los meses que siguieron a la noticia la joven no pensó en otra cosa. ¿Y si engendraba un monstruo?. Las ecografías mostraban un bebe normal, bien formado pero la gestación se producía a un ritmo más acelerado del que cabría esperar. Esta situación provocó su ingreso, casi forzoso, en una extraña clínica. Sacada de su casa en plena noche, haciendo caso omiso de su oposición, descubrió que nadie le decía nada al respecto, sólo que su embarazo era un caso extraordinario para la comunidad científica y debía contar con el seguimiento y respaldo de los mejores especialistas. Dos días antes de su traslado a la siniestra clínica, su casa fue saqueada, recibió varias llamadas telefónicas en un tono grosero y amenazante y unos hombres vestidos de negro que afirmaban pertenecer a una extraña organización estatal le ofrecieron una importante suma de dinero a cambio de su silencio y desembarazarle del pequeño monstruo. Aquella noche, Vanesssa sintió un zumbido horroroso como el día de agosto en la playa, cuando había visto el extraño objeto. Tenía que ir allí, al lugar de donde provenía la vibración. Un reguero de sangre discurría por sus oídos arroyando su cuello. El dolor resultaba insoportable. Pero una necesidad ineludible a acudir allí, guiaba sus pasos. Abrió con sigilo la puerta de su habitación. El guardia de seguridad charlaba animadamente con la recepcionista por lo demás, el pasillo estaba desierto. Escondida tras las columnas, se movió con sigilo hasta lograr burlar el puesto de vigilancia. Una vez fuera corrió a la carretera en busca de ayuda. -Pero: ¿Está loca?. ¿No ve que casi la atropello?.- gritó el hombre descendiendo precipitadamente del taxi.. -Por favor. Ayuda. ¡Ayúdeme, por favor!.¡Me siento morir!. ¡Ayúdeme!: -Si quiere la llevo a un hospital o llamo a la policía.- Señaló su camisón manchado de sangre. -¡No!.- Gritó fuera de sí.- A la policía no. ¡Lléveme!. ¡Lléveme a la playa de Oriente!. -Está bien.- Asintió el taxista volviendo a subir y apoyando un brazo en la ventanilla. ¡Ande!. ¡Suba de una vez antes que me arrepienta!. De nuevo aquel horroroso zumbido. Se llevó las manos a las doloridas sienes en un intento de aplacar el dolor. Si no llegaban pronto a la playa moriría. Se sentía reventada por dentro. Cuando el coche frenó y divisó finalmente las olas, abrió rápidamente la puerta y se lanzó a correr en dirección al agua en una carrera frenética. -¡Eh señorita!. Gritó el taxista ofuscado golpeando el volante. - ¿No va a pagarme?. ¡Yo es que soy gilipollas!. ¡cómo odio estos turnos de noche!. Vanesa aguardó que el coche desapareciese de su vista. El zumbido se hizo entonces más persistente en el silencio de la noche. Las piernas, comenzaron a doblarse como si fuesen de goma y no pudiesen sostener por más tiempo el peso de su cuerpo. Entonces, comenzaron las contracciones. El artefacto se materializó y quedó suspendido en el agua mientras un grupo de aquellos horribles seres avanzaba inclemente contra las olas luchando por alcanzar la orilla. Uno de ellos colocó su mano en sus párpados y el dolor cesó de repente. Cuando abrió los ojos, la niña, porque era una niña, reposaba en su vientre con el cordón umbilical cortado y era realmente preciosa. Sus ojos eran extraños de un color violáceo y su pelo tenía la tonalidad del fuego. Ella no era como ellos. ¡ no podían llevársela con ellos! . -¡Dánosla!.- Solicitaron con cortesía sin mover apenas los labios y añadieron.- Tú puedes tener otros hijos si ese es tu deseo.- Ella se quedará con nosotros. No le haremos ningún daño. ¡Dánosla!. Y sin saber porqué se la entregó. En ese mismo instante, sintió un sonido similar al que emiten las ballenas pero se sorprendió que el sonido procediese de la pequeña criatura. _¿Qué le habéis hecho a mi hija?.- Preguntó.- ¿Por qué hace ese ruido tan extraño? El ser la miró con infinita tristeza antes de tomar la niña en brazos, internarse en el interior de la nave y desaparecer para siempre. -Llora.- Dijo..

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